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La investigación desarrollada por Alex Coad, Sara Amoroso y Nicola Grassano analiza los efectos de la proximidad física, institucional, social y tecnológica sobre la colaboración interregional en Europa.

Los acuerdos de cooperación para la innovación tienen un papel importante en la facilitación de especialización en toda Europa, debido a que posibilitan la reunión entre socios lejanos y les brinda oportunidades para desarrollar más capacidades en sus áreas de especialización. La promoción de consorcios entre empresas, universidades, centros de investigación y entidades públicas ha permitido que se desarrollen políticas de apoyo a la investigación en ciencia y tecnología, especialmente a través de los Programas Marco Europeos.

Estos programas son un instrumento de planificación para la investigación y el desarrollo tecnológico a mediano plazo de la Comisión Europea. A principios de la década de los ochenta, los programas de cooperación se centraron principalmente en las TIC y en energía, campos en los que Europa no eran tan competitivo como Estados Unidos o Japón; sin embargo, con el paso del tiempo, se reunieron recursos y se fortalecieron las capacidades en el campo de la alta tecnología, combinado con el objetivo de lograr el desarrollo económico, social y territorial, dando paso a la integración de las regiones que no habían avanzado plenamente en temas de investigación.

Es en razón de este gran avance que Alex Coad, investigador de CENTRUM PUCP, junto a Sara Amoroso y Nicola Grassano, profundizaron en el análisis de esta integración, centrándose en la participación de las regiones periféricas de Europa, y, sobre la base de la literatura reciente, comprender el efecto de las proximidades físicas, institucionales, sociales y tecnológicas sobre la intensidad de la colaboración para la investigación interregional en regiones europeas.

Este estudio determina la importancia de la existencia de estas proximidades, pues a pesar de haber pasado más de 30 años desde la instalación de los Programas Marco, el objetivo de desarrollar un Espacio Europeo de Investigación Integrado aún está lejos de ser alcanzado. El escenario que se presenta es uno en el que las regiones colaboran más entre ellas si se consideran y/o son similares. Las regiones periféricas, en consecuencia, tienen tasas más bajas de colaboración.

Los autores consideran que existe una potencial tensión entre los objetivos de las políticas de promover la excelencia entre las regiones líderes, por un lado, y la integración de las regiones periféricas, por el otro. Los investigadores y los formuladores de políticas deben tener un mejor entendimiento de cómo hacer que estos dos objetivos estén mejor coordinados y se apoyen mutuamente.

Asimismo, se resalta la necesidad de reorientar los Programas Marco en el futuro, para promover colaboraciones entre actores que de otra forma no habrían colaborado entre sí. Si el objetivo es ampliar el área de investigación europea, incluidos los actores y las regiones periféricas, se sugiere que los futuros programas busquen la creación de colaboraciones entre regiones que no colaboraron en el pasado, en lugar de seguir fortaleciendo los vínculos existentes.

 

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