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Las dos caras de la inflación: Cómo los aumentos y recortes de precios moldean la dinámica inflacionaria

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Palabras clave

Inflation dynamics, Inflation decomposition, Pricing pressures, Aggregate inflation, Sectoral inflation

¿De qué trata esta investigación?

Cuando escuchamos que “la inflación subió al 8%”, tendemos a imaginar que todos los precios de la economía subieron un 8%. Pero la realidad es mucho más compleja: en cualquier momento del tiempo, algunos sectores están subiendo sus precios mientras otros los están bajando. La inflación que observamos es simplemente el resultado neto de estas dos fuerzas en pugna. Este estudio propone una nueva forma de mirar la inflación: en lugar de analizarla como un solo número, la descompone en dos componentes distintos. La “presión inflacionaria” captura cuántos sectores están aumentando precios y con qué intensidad. La “presión deflacionaria” captura lo opuesto: cuántos sectores están reduciendo precios y con qué fuerza. La inflación que vemos cada mes es sencillamente la diferencia entre ambas presiones.

Para construir estas medidas, los autores analizaron 245 sub-índices de precios del gasto de consumo personal (PCE) de los Estados Unidos, cubriendo todo el período entre 1959 y 2024, lo que equivale a más de 780 observaciones mensuales.

El hallazgo principal: la inflación es fundamentalmente asimétrica

El resultado más llamativo del estudio es la enorme diferencia en el comportamiento de las dos presiones a lo largo de seis décadas de historia económica estadounidense:

  • La presión inflacionaria varía enormísimo: ha oscilado entre un 2.35% en los años más tranquilos hasta un 12.68% durante los choques del petróleo de los años setenta.
  • La presión deflacionaria, en cambio, se mantiene notablemente estable: ha fluctuado apenas entre 0.72% y 5.18% a lo largo de todo el período.
  • Esta asimetría implica que los episodios inflacionarios no se producen porque desaparezcan los recortes de precios, sino porque se disparan los aumentos de precios.

En palabras simples: cuando hay inflación alta, el problema está en que muchas empresas suben agresivamente sus precios al mismo tiempo, no en que hayan dejado de bajarlos. Esta conclusión tiene implicancias directas para cómo los bancos centrales deben diagnosticar y responder a los brotes inflacionarios.

Un recorrido por la historia: episodios que confirman la teoría

Gran Inflación (1970-1982)

Durante esta época, la presión inflacionaria promedió 9.29%, con picos de hasta 12.68% durante los choques petroleros, mientras la presión deflacionaria se mantenía baja y estable. Esto confirma que la inflación de los años setenta fue un fenómeno de precios disparados hacia arriba, no de precios que dejaron de bajar.

La Gran Moderación (1990-2007)

La estabilidad de precios de este período no se logró eliminando toda variación en los precios, sino estabilizando la presión inflacionaria (que promedió 4.60% con muy baja volatilidad) mientras se preservaba la flexibilidad en la presión deflacionaria. Es un régimen de precios equilibrado, no de precios congelados.

Crisis Financiera (2008-2009)

Este es el único episodio en toda la muestra donde la presión deflacionaria superó temporalmente a la inflacionaria, alcanzando un pico histórico de 5.18%. El riesgo de deflación que tanto preocupó a los economistas fue real: se materializó a través de recortes generalizados de precios, no por una simple desaparición de los aumentos.

Pandemia COVID-19 (2020-2024)

La inflación pospandemia fue impulsada principalmente por una presión inflacionaria que alcanzó 9.05%, similar a los años setenta, aunque sin llegar a los picos extremos de esa década. Crucialmente, la presión deflacionaria no colapsó como en episodios anteriores, lo que sugiere que las fuerzas competitivas de mercado mantuvieron cierto peso y explica por qué las expectativas de inflación no se desanclaron tanto como en los setenta.

¿Cómo funciona la política monetaria a través de estas presiones?

Una de las contribuciones más importantes del estudio es arrojar nueva luz sobre el llamado “puzle de precios”: el fenómeno por el que, en algunos modelos econométricos, la inflación sube en lugar de bajar después de que el banco central sube las tasas de interés.

Los autores compararon dos formas distintas de medir los shocks de política monetaria. Cuando se usa una medición robusta de los shocks —una que controla la información que el banco central ya tenía antes de actuar— el resultado es claro y económicamente coherente: la política contractiva opera a través de dos canales simultáneos:

  • Reduce la presión inflacionaria: menos empresas suben precios, y las que lo hacen lo hacen con menor intensidad.
  • Aumenta la presión deflacionaria: más empresas se ven forzadas a recortar precios para mantener clientes ante la caída de la demanda.

Este segundo canal —el de la presión deflacionaria— es el que más contribuye a la desinflación y el que persiste por más tiempo (cerca de un año), lo que sugiere que la transmisión de la política monetaria opera principalmente a través de la demanda agregada.

Choques de oferta: el petróleo y las expectativas

El estudio también analiza cómo los choques petroleros afectan estas presiones, distinguiendo entre dos tipos muy distintos de perturbaciones:

  • Interrupciones reales de producción (guerras, embargos): generan aumentos de presión inflacionaria en el corto plazo que se revierten en 12 a 18 meses, a medida que la demanda se ajusta.
  • Noticias sobre restricciones futuras de oferta (anuncios de la OPEP): generan una presión inflacionaria más persistente, porque las empresas incorporan expectativas de escasez futura en sus precios actuales. La presión deflacionaria solo emerge varios meses después, cuando los efectos sobre la demanda se hacen sentir.

En ambos casos, la heterogeneidad en las respuestas inflacionarias proviene principalmente del canal de presión inflacionaria, no del deflacionario. Esto contrasta con los choques monetarios, donde las diferencias entre identificaciones provienen principalmente del canal deflacionario.

¿Qué significa esto para los bancos centrales?

El marco desarrollado en este estudio tiene aplicaciones prácticas concretas para la gestión de
política monetaria:

  • Diagnóstico en tiempo real: cuando la inflación no responde a las subidas de tasas, descomponer las presiones permite identificar si el problema es que la transmisión por demanda es débil (la presión deflacionaria no sube) o si hay fuerzas de oferta que compensan (la presión inflacionaria persiste).
  • Comunicación más precisa: los bancos centrales pueden explicar que su política opera tanto reduciendo los aumentos de precios como estimulando los recortes, lo que ofrece al público un lenguaje más claro sobre el proceso desinflacionario.
  • Detección temprana de riesgo deflacionario: un cociente de asimetría (presión inflacionaria / presión deflacionaria) cercano a 1.5 o menor es una señal de alerta de riesgo deflacionario; durante la crisis de 2008 este cociente cayó a 1.46.
  • Calibración de la respuesta: la presión inflacionaria exhibe una persistencia casi de raíz unitaria durante los episodios de alta inflación, lo que implica que cuando la inflación está siendo impulsada por ese canal, se requieren intervenciones más tempranas y agresivas que cuando la inflación es producto del colapso de la presión deflacionaria.

Conclusión

Este estudio nos invita a cambiar la forma en que miramos la inflación. En lugar de verla como un número que sube o baja, debemos verla como el resultado de una batalla constante entre fuerzas que empujan los precios hacia arriba y fuerzas que los empujan hacia abajo. La evidencia de seis décadas de datos estadounidenses muestra que esta batalla es fundamentalmente desigual: los episodios inflacionarios ocurren porque las fuerzas alcistas se disparan, no porque las bajistas desaparezcan.

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Autoría: Luis Felipe Zegarra Basurco

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