En un entorno marcado por crisis, cambios tecnológicos y mercados impredecibles, aprender ya no es una actividad secundaria. Para los empresarios, aprender de manera constante puede marcar la diferencia entre adaptarse, innovar y crecer, o quedarse paralizado frente a la incertidumbre.
Todos los empresarios enfrentan cambios. Una crisis económica, una nueva tecnología, un cambio en los hábitos de los consumidores o la aparición de un competidor pueden transformar rápidamente las reglas del mercado. Sin embargo, no todos responden de la misma manera.
La diferencia no está únicamente en los recursos disponibles, sino también en la capacidad del empresario para aprender, interpretar lo que sucede y convertir esa experiencia en nuevas decisiones.
Una revisión sistemática de 40 estudios sobre el aprendizaje individual de los empresarios durante los últimos 25 años muestra una idea central: el aprendizaje empresarial es un proceso permanente y se vuelve especialmente importante en escenarios de volatilidad y disrupción.
¿Qué significa esto para un empresario? Primero, hay que aprender antes de que llegue la crisis. Esperar a que el mercado cambie para recién adquirir nuevas capacidades puede ser demasiado tarde. La preparación debe formar parte de la gestión cotidiana. Segundo, la incertidumbre exige desarrollar nuevas capacidades. Analizar información, experimentar, utilizar tecnología, escuchar a los clientes, aprender de otros empresarios y revisar las propias decisiones son formas de fortalecer la capacidad de respuesta. Tercero, hay que evitar la parálisis. Cuando las condiciones cambian rápidamente, no tener toda la información no significa que no se pueda actuar. Los empresarios necesitan aprender mientras toman decisiones, probar alternativas y corregir el rumbo cuando sea necesario. Cuarto, aprender no significa solamente capacitarse. El aprendizaje también ocurre de manera informal: a través de los errores, la experiencia, las conversaciones con colaboradores, clientes y proveedores, las redes empresariales y la observación del mercado. Finalmente, todo cambio obliga a una respuesta. Adaptarse, reinventarse, innovar o, en algunos casos, salir del mercado son decisiones que pueden surgir de la capacidad de aprender frente a nuevas circunstancias.
Por ello, una empresa que aprende no es simplemente una empresa que capacita a sus trabajadores. Es una organización en la que el empresario también se mantiene en constante aprendizaje y convierte lo aprendido en mejores decisiones.
En tiempos de volatilidad, la capacidad de aprender puede convertirse en una ventaja competitiva. Los empresarios que desarrollan el hábito de observar, cuestionar, experimentar y aprender de sus experiencias están mejor preparados para responder a lo inesperado. La pregunta ya no es solamente: “¿Qué sabemos hoy?”, sino también: “¿Qué necesitamos aprender para enfrentar lo que viene?” Porque en un mercado que cambia constantemente, dejar de aprender también es una decisión empresarial.
Referencia
Rojas-Valdez, K. (2026), «Individual learning of entrepreneurs: what we know and challenges in times of disruption and volatility». European Journal of Training and Development, Vol. ahead-of-print (No. ahead-of-print). https://doi.org/10.1108/EJTD-08-2025-0176