Un estudio con 18 egresados de los Colegios de Alto Rendimiento (COAR) del Perú revela que el capital social —las redes de pares y el mentoring— y el capital cultural —el dominio del inglés y el Bachillerato Internacional— son los motores reales del desarrollo del talento. Pero también expone una brecha crítica: al graduarse, ese andamiaje se desvanece abruptamente y deja a los jóvenes sin orientación vocacional ni soporte para la transición.
Imagina que un joven brillante, de una provincia peruana alejada y con escasos recursos, llega a los 15 años a un colegio residencial de alto rendimiento. Por primera vez tiene acceso a laboratorios equipados, clases en inglés, el prestigioso Bachillerato Internacional y, sobre todo, compañeros con igual motivación y docentes que creen en su potencial. Tres años después, ese mismo joven regresa a su ciudad de origen, postula a una universidad pública y enfrenta, sin red de apoyo, una realidad académica y social radicalmente distinta. ¿Qué pasó con todo ese talento desarrollado? ¿Por qué algunos florecen y otros se estancan?
Una investigación desarrollada por Percy Marquina y Rafael Fernández Concha y Manuel Sotomayor,, profesores e investigadores de CENTRUM PUCP Business School, buscó responder precisamente estas preguntas. El estudio analizó las trayectorias post-escolares de 18 egresados de los Colegios de Alto Rendimiento (COAR) —una red de colegios residenciales creada en 2015 que opera en las 25 regiones del Perú y atiende a unos 6,700 estudiantes de alto desempeño provenientes de escuelas públicas—, aplicando el Marco de Capitales Educativos y de Aprendizaje (ELC, por sus siglas en inglés), derivado del Modelo Actiótopo de la Superdotación del psicólogo alemán Albert Ziegler.
Este enfoque distingue entre recursos externos al estudiante —como la infraestructura, los programas de enriquecimiento, las redes sociales y los recursos económicos disponibles en su entorno— y recursos internos —como la motivación, la capacidad de regulación emocional, la claridad de metas y la atención sostenida—. La clave del desarrollo del talento no reside en uno solo de estos factores, sino en cómo interactúan entre sí a lo largo del tiempo.
Los hallazgos son reveladores. El capital social —la diversidad de compañeros y las relaciones de mentoring con docentes— y el capital cultural —particularmente el dominio del inglés y el rigor del Bachillerato Internacional— resultaron ser los principales impulsores del desarrollo, por encima incluso de la infraestructura física. Los egresados describieron cómo sus redes de pares los expusieron a formas de pensar distintas, ampliaron sus horizontes vocacionales y les generaron una resiliencia que aún valoran en su vida universitaria y profesional.
Sin embargo, el estudio también identifica brechas críticas que el sistema COAR no ha logrado cerrar. La ausencia de orientación vocacional estructurada, la falta de soporte en salud mental durante la etapa de alta exigencia académica, y —quizás lo más preocupante— la pérdida abrupta del capital social al momento de la graduación, limitan la sostenibilidad del desarrollo alcanzado. Muchos egresados reportan un «choque de transición» al pasar del entorno protegido del COAR a la universidad, donde deben reconstruir sus redes desde cero y enfrentar contextos con menor estímulo y apoyo.
El estudio también muestra que, en contextos con recursos limitados como el peruano, el capital social y cultural puede compensar déficits de infraestructura. Dicho de otro modo: no basta con construir laboratorios modernos si no se cultivan, de manera intencional, las redes de apoyo y las habilidades internas que los estudiantes necesitan para prosperar más allá del colegio.
El talento no es un destino fijo: es un proceso que requiere acompañamiento sostenido. El modelo COAR ha demostrado que puede transformar vidas, pero los resultados del estudio son claros: es necesario ir más allá del aula y de los años escolares. Fortalecer la orientación vocacional, construir puentes de transición hacia la universidad, incorporar formación en habilidades metacognitivas —aprender a aprender, gestionar el estrés, establecer metas— y mantener vivas las redes de egresados son pasos concretos que podrían marcar la diferencia entre un talento que se desperdicia y uno que florece plenamente.
DATO: Este artículo deriva del estudio Educational and learning resources for gifted education in emerging contexts: An Actiotope Model Analysis of High-Performance Trajectories, que tiene como autores a Manuel Sotomayor, Percy Marquina y Rafael Fernández Concha, profesores e investigadores de CENTRUM PUCP Business School.
Referencia
Marquina, P., Fernández Concha, R. & Sotomayor, M. (2026). Educational and learning resources for gifted education in emerging contexts: An Actiotope Model Analysis of High-Performance Trajectories. Cogent Education.