Lamentablemente hoy en el Perú, la creciente inseguridad no solo amenaza la vida cotidiana de los ciudadanos; sino que también transforma las decisiones de los pequeños y microempresarios, quienes se esfuerzan cada día por mantener vivos sus miles de pequeños negocios. Una investigación recientemente realizada en Lima muestra cómo los emprendedores mayores de 60 años están rediseñando su forma de trabajar para sobrevivir en un entorno marcado por la violencia.
Cada mañana, miles de pequeños empresarios peruanos levantan las puertas de sus negocios con una preocupación adicional a las ventas: regresar seguros a casa. Para los emprendedores de mayor edad, esa incertidumbre tiene un peso aún mayor. Además de enfrentar los desafíos propios de cualquier negocio, deben convivir con limitaciones físicas, menor acceso al financiamiento y un entorno donde la violencia y la inseguridad condicionan cada decisión cotidiana.
El estudio exploró cómo los emprendedores senior —personas mayores de 60 años que continúan generando ingresos mediante pequeños negocios— responden a este contexto de creciente fragilidad institucional en el Perú. A partir de 33 entrevistas realizadas en distintos mercados de Lima, se identificaron las estrategias que utilizan para mantener sus actividades económicas pese al incremento de la delincuencia y la percepción de inseguridad.
Los hallazgos muestran una realidad preocupante: el miedo ha dejado de ser una emoción pasajera para convertirse en un factor que redefine la manera de emprender.
El negocio se adapta al miedo
La primera gran respuesta consiste en modificar la rutina de trabajo. Muchos entrevistados han reducido sus horarios de atención, evitan trabajar al anochecer o durante los fines de semana y, cuando es posible, trasladan parte de sus operaciones al hogar o exploran la venta por medios digitales. Más que una decisión estratégica de crecimiento, estas medidas buscan disminuir la exposición al riesgo. En otras palabras, la digitalización de los negocios deja de ser únicamente una oportunidad de innovación para convertirse en una estrategia de supervivencia tal como lo señala uno de los entrevistados: «cuando la inseguridad aumenta, la innovación deja de perseguir el crecimiento y empieza a proteger la continuidad del negocio».
La seguridad se convierte en un nuevo costo empresarial
La segunda estrategia identificada refleja uno de los aspectos más preocupantes del estudio. Ante la percepción de una limitada capacidad del Estado para garantizar la seguridad, muchos emprendedores destinan parte de sus escasos recursos a sistemas de vigilancia, rejas, cámaras de seguridad e incluso a mecanismos informales de protección. Otros recurren a préstamos diarios con elevados intereses para cubrir la caída de ingresos provocada por la reducción de clientes. Este fenómeno revela que el costo de operar un pequeño negocio ya no depende únicamente de los insumos, el alquiler o los salarios. Hoy, la seguridad se ha convertido en un costo fijo adicional que reduce la rentabilidad y limita las posibilidades de inversión. Uno de nuestros entrevistados señala por ejemplo que «cuando un emprendedor invierte más en protegerse que en crecer, toda la economía pierde oportunidades de desarrollo.»
Cuando emprender deja de ser un proyecto de futuro
Quizá el hallazgo más significativo es el impacto que la violencia tiene sobre las expectativas de largo plazo. Muchos participantes afirmaron haber renunciado a planes de expansión, aceptado menores niveles de ventas o incluso considerado cerrar definitivamente sus negocios. Cerca de una quinta parte manifestó estar evaluando abandonar el país en busca de mejores condiciones para vivir y trabajar.
Esto demuestra que la fragilidad institucional no solo afecta el desempeño actual de los negocios; también erosiona el optimismo empresarial, desincentiva la inversión y reduce la capacidad emprendedora de personas que poseen décadas de experiencia, redes de contacto y conocimientos acumulados.
La investigación aporta además una reflexión importante para las políticas públicas. El emprendimiento suele analizarse desde las capacidades individuales: creatividad, experiencia o acceso a recursos. Sin embargo, este estudio confirma que el contexto institucional puede convertirse en el principal determinante del éxito o del fracaso empresarial. Cuando la violencia domina el entorno, incluso los emprendedores más experimentados ven restringidas sus oportunidades.
En consecuencia, fortalecer la seguridad ciudadana no solo constituye una política de protección social; también representa una política de desarrollo económico. Apoyar a los emprendedores senior significa preservar una fuente importante de empleo, experiencia y cohesión social para el país. Porque, en última instancia, ningún emprendedor debería tener que elegir entre hacer crecer su negocio o proteger su vida.