La gestión contemporánea reconoce que los entornos laborales saludables actúan como potentes multiplicadores de la productividad. Evidencia empírica del World Economic Forum muestra que las organizaciones que priorizan el bienestar integral alcanzan mayores niveles de retención de talento y reducciones significativas en los costos sanitarios (WEF, 2025). Este enfoque estratégico exige alinear las iniciativas de salud con los objetivos corporativos, incorporar métricas de retorno de inversión en bienestar e integrar indicadores de salud en los sistemas de desempeño organizacional (Gabriel et al., 2022). En paralelo, la literatura académica destaca el creciente interés por comprender cómo variables socioeconómicas como la salud, el desarrollo humano y el bienestar influyen en la productividad y la competitividad económica (Li & Wang, 2019; Rajnoha et al., 2021).
Los modelos actuales de healthy workplace enfatizan intervenciones holísticas que abordan dimensiones físicas, psicológicas y comunitarias del trabajo (Health Standards Organization, 2023). En este marco, el gasto en salud per cápita se identifica como un determinante clave de la productividad, al mejorar la eficiencia laboral y reducir el ausentismo (McDaid & Park, 2011; Yılmaz, 2023). Sin embargo, la literatura subraya que los beneficios económicos de una mayor esperanza de vida dependen de la calidad de los años ganados y de la capacidad funcional de la población (Bloom & Canning, 2000; Cutler et al., 2006; WHO, 2020).
Asimismo, el Índice de Desarrollo Humano refleja el fortalecimiento del capital humano y su contribución a una fuerza laboral más productiva (Sen, 1999). En contraste, el vínculo entre el Índice de Felicidad y la productividad permanece ambiguo, con resultados empíricos divergentes en la literatura (Diener & Seligman, 2004; Veenhoven, 2010; Sattar et al., 2017, 2024).
En este contexto, la presente investigación analiza conjuntamente el impacto del gasto en salud per cápita, el IDH y el Índice de Felicidad sobre el PIB per cápita en países de la OCDE, utilizando un modelo de regresión múltiple. Si bien la ausencia de variables explícitas de gobernanza constituye una limitación relevante, estudios previos sugieren que la calidad institucional actúa como un factor mediador clave en la efectividad del gasto social (Aisen & Veiga, 2013; Alexandre et al., 2022). Esta aproximación integrada representa una contribución innovadora al análisis del bienestar humano y la productividad económica.
La literatura económica y de desarrollo coincide en que la salud, el bienestar y el desarrollo humano son determinantes clave de la productividad. Desde la perspectiva del capital humano, mejoras en la salud incrementan el crecimiento económico al fortalecer la capacidad laboral y reducir el ausentismo (Bloom & Canning, 2000; Grossman, 2017). En esta línea, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD integra salud, educación e ingreso, y se consolida como un predictor relevante de la productividad económica y la sostenibilidad organizacional (Anand & Sen, 2000; Klugman et al., 2011).
Por su parte, el Índice de Felicidad ha despertado interés por su capacidad para reflejar el bienestar subjetivo y su posible influencia en el desempeño laboral. Aunque se asocia con mejores resultados en salud y rendimiento, su relación directa con la productividad permanece empíricamente ambigua (Diener & Seligman, 2004; Veenhoven, 2010). Analizar conjuntamente estas dimensiones permite una comprensión más integral de los factores que impulsan el crecimiento económico y el bienestar social (McDaid & Park, 2011; WHO, 2020).
A partir de este marco teórico, el estudio plantea las siguientes hipótesis:
H1: El gasto en salud per cápita tiene un efecto positivo y significativo sobre el PIB per cápita
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H2: El IDH influye positivamente en la productividad económica.
H3: El Índice de Felicidad presenta una relación positiva, aunque potencialmente menos significativa, con la productividad económica.
Este estudio examina el impacto del gasto en salud per cápita, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el Índice de Felicidad sobre el PIB per cápita, utilizado como proxy de productividad y competitividad económica. El IDH se basa en las métricas del PNUD, integrando salud, educación e ingreso (PNUD, 2023), mientras que el Índice de Felicidad proviene del World Happiness Report y considera dimensiones como apoyo social, esperanza de vida saludable y libertad de decisión (Helliwell et al., 2019). El gasto en salud corresponde a datos reportados por la OCDE y The Global Economy.
Se emplea un modelo de regresión múltiple con 272 observaciones de países de la OCDE, metodología ampliamente respaldada para analizar relaciones complejas entre variables socioeconómicas (Arias, 2024; Cohen et al., 2013; Field, 2018). Los diagnósticos confirmaron el cumplimiento de los supuestos estadísticos requeridos (Montgomery et al., 2021).
La elección de la OCDE responde a su diversidad institucional y comparabilidad internacional. El enfoque integrado del estudio cubre un vacío en la literatura al analizar simultáneamente salud, desarrollo humano y felicidad como determinantes del desempeño económico, aportando evidencia relevante para políticas públicas y gestión organizacional orientadas al bienestar y la productividad (Gabriel et al., 2022; WEF, 2025).
Esta investigación analiza la relación entre variables socioeconómicas —gasto en salud per cápita, Índice de Desarrollo Humano (IDH) e Índice de Felicidad— y la productividad económica, medida a través del PIB per cápita, en países de la OCDE. Los resultados evidencian que tanto el gasto en salud como el IDH ejercen un impacto positivo y significativo sobre la productividad, lo que refuerza la idea de que la inversión en salud y desarrollo humano constituye un motor clave del crecimiento económico sostenible. El gasto en salud mejora la eficiencia laboral al reducir el ausentismo y fortalecer la capacidad productiva, mientras que el IDH refleja la contribución de una fuerza laboral más educada y saludable.
En contraste, el Índice de Felicidad no muestra una relación directa significativa con el PIB per cápita, lo que sugiere que su influencia podría estar mediada por factores no considerados, como la cultura organizacional o dimensiones cualitativas del bienestar. Desde una perspectiva aplicada, los hallazgos respaldan políticas públicas orientadas a garantizar el acceso universal a servicios de salud y a fortalecer los sistemas educativos.
Asimismo, los resultados subrayan la importancia de integrar el bienestar humano en la gestión organizacional. Normativas como la ISO 45003 ofrecen un marco eficaz para la gestión de riesgos psicosociales y la promoción de entornos laborales saludables (ESG Innova Group, 2024). Apostar por el capital humano emerge así como una estrategia fundamental para mejorar la productividad, la competitividad y la sostenibilidad económica a largo plazo.